martes, 6 de noviembre de 2012

Letreando UNO

Con el empuje del inicio, hubo más entradas que salidas. Parece que octubre trajo el freno. O uno fue consumido. Por el trabajo, las lecturas, los albañiles, el juego con el Pequeño. ¿Para qué inyectar en la red lo que se consume? ¿Darse a? La lógica de la mostración da cuenta que algo no se puede decir. La histeria cuenta eso. Por ejemplo. Las que vienen llegando traen acaloradas críticas sobre hombres que no igualan al padre, que el mismo padre tampoco iguala. Excepto que esté muerto. Y cada día canta mejor. Actualizar la transferencia, ponerla sobre la mesa nos ayuda entonces a dar cuenta de la posición. Una suerte de granada que explota en el diálogo. ¿Cómo huir de ahí? Es rasgo de chance ante lo destinal.

Fin de año se avecina. Las neurosis se impacientan y precipitan las consultas. Aún cuando ya no hay más lugar. No deciden esperar. Como los gimnasios que se pueblan ante la proximidad del sol. Y los espejos, ya cansados, no alcanzan a reflejar a todos.

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